Netflix ha vuelto
a sacarse de la chistera una serie que está en boca de todo el mundo y a la que
le llueven dieces en IMDb. Con tanto entusiasmo, se ha sepultado cierto escepticismo
que comenzaba con su tráiler, que decía hablarnos del suicidio de una
adolescente mientras mostraba a una maestra de la intriga mejor que Saw, que
había montado una partida de Cluedo de ensueño para todo su instituto. Igual es
un tratamiento demasiado frívolo para este tema, aunque no hay que adelantar
acontecimientos, menos sin probar nada. Quizás se pueda obtener alguna
reflexión por el camino.
13 Reasons Why
ofrece múltiples escenas para sacudir al espectador. Y no me refiero a aquellas
escenas más desagradables y morbosas, sino a las que muestran hechos mundanos y
actitudes normalizadas. Momentos que impactan, son terriblemente desgarradores
y lo peor es que están a la orden del día. Sin duda es loable que productos
destinados a público amplísimo apuesten por una denuncia de estas características,
que además ofrecen enfoques más realistas, en lugar de las historias de
fantasía y ciencia ficción con crítica social habituales en el mercado
televisivo. Queda a decisión del espectador trasladar su empatía más allá de la
ficción filmada.
PERO
No es necesario
introducir el debate sobre la facilidad de empatizar con personalidades y
problemas ficticios, sobre cómo las denuncias sociales en el cine u otros
medios actúan como placebos para nuestra conciencia. 13 Reasons Why ya se
encarga de desmontarse por sí misma, frivolizando de diversas maneras la
temática que aborda. El pretexto que utiliza no debería ser un reclamo para
ganar espectadores, sino una responsabilidad que exige una historia cuidada y
verdaderamente sensible.
Los problemas
surgen desde su planteamiento. El tráiler no erraba en su
descripción de la serie: antes de suicidarse, Hannah Baker graba en 13 cintas
de casete las razones de su trágica decisión, aludiendo cada una a personas de
su entorno social en el instituto. Las cintas pasan por estos personajes hasta
que llega el turno de Clay Jensen, el undécimo de la lista, momento en el que
comienza la narrativa de 13 Reasons Why. El guion ofrece dos líneas temporales:
el presente, tras el suicidio de Hannah, donde nos ponemos en la piel de Clay
tratando de descubrir la verdad. Y el pasado, donde asistimos a flashbacks
protagonizados por Hannah que ilustran todo el acoso que sufrió durante el año.
Es decir, el personaje con el que debemos empatizar, que muestra la denuncia y
crítica social, no es el protagonista absoluto de la serie.
Bien es cierto
que la línea temporal del presente puede servir para ver al variado elenco de
personajes encarar las consecuencias de sus actos, lo cual es una idea muy
interesante. Sin embargo, estos actos suponen la intriga de la serie, dando
lugar a cliffhangers. De este modo, las conversaciones de Clay con las personas
responsables de acosar a Hannah, no derivan en reflexiones o sentimientos de
culpabilidad. Los diálogos se reducen a cuando llegues a X cinta ya
descubrirás esto o lo otro. El gran inconveniente de esta línea temporal es
que no puede avanzar o aportar escenas de interés hasta que no se descubran los
sucesos más importantes del pasado de Hannah. Y por supuesto, dichos eventos
cruciales no llegan hasta la recta final de la serie. Tenemos entonces
muchísimo relleno en su primera mitad, con el protagonista (Clay) robando
muchísimo tiempo de cámara para adoptar un rol contemplativo, sin intervenir en
la historia. Y escenas que se repiten hasta la saciedad:
- La chupipandi de acosadores que ya ha escuchado las cintas, amenazando a Clay para que no se vaya de la lengua y asegurando que Hannah mentía.
- Tony advirtiendo a Clay, vigilándole para que no se deje llevar por la chupipandi.
- Los padres de Hannah desesperados porque no hay pruebas ni indicios que expliquen el suicidio de su Hannah.
- Los padres de Clay diciendo que no llegue tarde a casa y preguntándole si está tramando algo, en base a su actitud sospechosa
En series como
Breaking Bad o Mad Men defiendo la repetición, ayuda a introducirnos en la cotidianeidad
de los personajes, a conocerlos mejor sin necesidad de forzar conflictos o situaciones
extravagantes. Puede haber capítulos donde “no pase nada”, pero son capaces de
decirte mucho sobre un personaje, ayudan a construir el trasfondo de la serie.
No ocurre lo mismo en 13 Reasons Why, donde la repetición tiene como objeto
llegar al cupo de los 50 minutos, sin que estas escenas aporten o subrayen
ideas.
Y siendo una
serie que lanza todos sus episodios de golpe, que se ve a través de internet,
no está racionada en semanas y no tiene que cubrir un espacio televisivo
concreto, ¿por qué anclarse a convenciones propias de la caja tonta? ¿Por qué
no aprovechar internet como un formato distinto? Menos capítulos, menor
duración, duraciones irregulares, etc. La pena es que esta actitud tan
conservadora está muy relacionada con los diversos problemas de la serie, como
la repetición (relleno) innecesaria, la inclusión de subtramas o los capítulos
dedicados a personajes que no dan para 50 minutazos.
Los errores de
base no terminan ahí: tener a Clay de protagonista implica el tropo de The Chosen One. ¿Y qué necesidad había? Se suicida una menor de edad por acoso
escolar y machista, pero hay que centrar la historia en EL ELEGIDO, el que
descubre la verdad, abre los ojos a todo el mundo y hace justicia. El héroe
estaba enamorado de aquella chica, por eso el presente (sin ella) adquiere un
tono frío, mientras que el pasado está lleno de colores alegres, con una
fotografía muy cálida. Todo correcto, de no ser porque en esos flashbacks
coloridos, radiantes de felicidad, ESTABAN MALTRATANDO A UNA PERSONA.
Uno de los
aciertos de la serie es huir de los arquetipos del bullying, en lo que se
refiere a personajes. No se habla de un grupo de matones y ni siquiera se
recurre a la típica figura del cabecilla de una chupipandi que sea el gran
responsable de todo. En su lugar, tenemos a personas muy diversas, con
diferentes grados de relación hacia Hannah y que no están compinchados entre
sí. Es aquí donde se encuentra un discurso tan interesante como aterrador:
todos (hasta el más bienintencionado) podemos ser acosadores. La sociedad no
ese ente abstracto y lejano para criticar tranquilamente, pues somos cómplices.
El bullying o el machismo no suceden a distancia, relegándose a casos extremos perpetuados
por dementes. Están en nuestra normalidad. Por eso cuesta tanto encajar la
figura del héroe abriéndose el camino y resolviendo problemas, añadiendo una
tragedia romántica.
La banda sonora
es otro pilar donde no han terminado de acertar. La canción principal,
protagonista del tráiler y de uno de los mejores momentos de la serie, destaca
por encajar a la perfección con la escena y con el tono requería en ese
instante la historia. Mejor aún: la serie se APROPIA de la canción. Conseguirlo
es vital, sinónimo del buen uso de la música extradiegética. De lo contrario,
ocurre el efecto tan negativo que provoca el resto de la banda sonora. Sonidos
que no conectan con las imágenes, que sabemos que vienen de fuera y parecen
propios de vídeos montados por fans. Un hábito común a la hora de escribir, sea
sobre cine o videojuegos, es poner de fondo la banda sonora, que ayuda a
recordar esa experiencia reciente como espectador o jugador. Cuando escucho la
BSO de 13 Reasons Why, no escucho su historia, sino una playlist cualquiera que
hice en un día cualquiera. Hay canciones que me cuesta creer que decidiesen
incluirlas. Otras, son tan famosas, que descartaron de entrada la oportunidad
de crear una ambientación propia.
Entre imágenes
coloridas, canciones guays y narrativas distantes que desplazan a Hannah, no
hay agobio. Es una historia que debería revolverme el estómago. Después de
Lucía (Michel Franco, 2012) puede que no sea la mejor película de la década, pero ofrece una óptica
mucho más interesante para hablarnos del acoso escolar. Su dirección está
fuertemente influenciada por Haneke, con planos generales de cierta duración
que resultan incómodos y muestran con crudeza el maltrato que sufre la
protagonista. Es un estilo seco, que no da respiro, bien contrario a lo que
ofrece 13 Reasons Why. En la serie hasta encontramos una amable voz en off,
sobre explicando absolutamente todo, como si las imágenes y los eventos no
fuesen suficientes para saber que Hannah está sufriendo y deseando que todo
acabe. La historia pide a gritos un drama psicológico opresivo, agotador,
ilustrando la soledad de la protagonista, sensaciones que solo se observan en
instantes muy puntuales.
Podéis pensar que
estoy siendo destructivo o quejándome por vicio. Admito que tuve la idea rancia
de hacer un “13 razones por las que falla 13 Reasons Why” (piedras pequeñas, al
menos supe descartarlo de inmediato) pero suponía no poder expresar sus
virtudes ni realizar una crítica que pudiese tomarme en serio. Estos defectos
los señalo no porque la conviertan en una mala serie o historia, sino porque
contribuyen a frivolizar su temática. Esto no es una novela de Agatha Christie
o la enésima ficción plagada de cliffhangers con personajes carismáticos. Sin
entrar en destripes, el final fuerza una apología del romanticismo totalmente
fuera de lugar, que ayuda a la mencionada trivialidad. Hay hasta clubs de fans
que se dedican a hacer memes de la serie. Quizás su trasfondo es un tema más
serio que no merece ser minimizado, como si fuese parte de un lore. Que esto no
es Harry Potter.
Es una historia
que podría avergonzarnos, hacernos sentir cómplices. Darnos un puñetazo en el
estómago y que ni nos atrevamos a decir lo maravillosa que es en twitter. Pero
el público manda, capítulos que enganchan, ficción fácil de digerir, entretenimiento
a tope y los accionistas de Netflix dando palmas con las orejas. No pasa nada,
que no se ha muerto nadie, Hannah era un personaje inventado.
Escribo mis
comentarios concretos sobre SPOILERS varios de la recta final, importantes para
reforzar mis argumentos y que sin haber visto la serie ánimo a leer, porque
sinceramente no considero que su valía resida en las sorpresas, ni conocerlas
de antemano va a estropear la experiencia.
En el capítulo
10, Hannah nos habla de Sheri, cuyo crimen es derribar una señal de stop por
accidente y no avisar a las autoridades para evitar problemas. A continuación,
ocurre un accidente de tráfico debido a la ausencia de dicha señal, con el
fallecimiento de Jeff, amigo de Clay. Su muerte se responsabiliza a su condición
de ebrio al coger el coche, sin que Sheri sea capaz de reconocer el verdadero
desencadenante. Esta subtrama nos habla del daño que pueden hacer detalles que
consideramos insignificantes, de no responsabilizarnos por los errores y de la
carga de ocultar la verdad. ¿Todo bien? Veamos:
- Es el ecuador de tres capítulos consecutivos que hablan de la misma noche donde ocurrieron tres eventos diferenciados. Por supuesto, uno para cada capítulo, donde la voz en off señala de forma constante cliffhangers baratos tipo “también pasaron más cosas gordas, pero ya os las contaré luego”. Y ojo, que hay también cliffhangers visuales, como si fuese un reality show. Escenas que cabrían en un capítulo o que podrían no estar absurdamente troceadas de haber renunciado a los cánones del formato televisivo.
- La muerte de Jeff no es un momento trágico, sino una sorpresa, en el sentido más banal del término. Jeff es, aparentemente, uno de los mejores amigos de Clay, pero es tan tópico (el típico colega guapete que le dice al amigo friki cómo debe ligar, sin mayor peso en el guion) y tan intrascendente que nadie se hace eco de que no aparece en la línea temporal del presente. Porque de haber humanizado lo mínimo a este personaje su ausencia se advertiría y su muerte ya no sería un giro argumental tan pobre. Tiene delito que una serie con este trasfondo trate con tan poca sensibilidad la muerte de un joven de 17 años.
El capítulo final
tiene las dos mejores escenas de la serie. El suicidio lo muestran de la forma
más explícita posible, incluso permitiéndose un plano general algo hanekiano.
Crudo, seco y directo. Absolutamente desagradable, porque lo es. No es cuestión
de morbo, era muy necesario mostrar de primera mano las consecuencias de la
historia. Y en cuanto a la conversación entre Hannah y Mr. Porter, es una
bofetada impagable, que transmite una impotencia desoladora, que destruye por
completo la idealización de la justicia.
¿Y qué ocurre
después? Los padres por fin conocen la verdad al escuchar las grabaciones, el
abogado consigue las pruebas y sabemos que los malos pagarán por sus crímenes.
Se da a conocer el intento de suicidio de Alex para decirnos que la historia se
repite y que el mundo sigue siendo una mierda, pero partiendo de que el
desenlace de Hannah ya lo sabíamos desde el capítulo 1, los conflictos de la
serie se resuelven, prácticamente todo queda arreglado y la escena final es
Clay consiguiendo una nueva novia. ¿En serio? Inclinarse hacia un happy ending
lo encuentro hasta de mal gusto.
Estoy bastante de acuerdo con todo lo que dices, aunque añadiría un punto a favor y otro en contra.
ResponderEliminarEl punto a favor es lo referente al montaje, donde vemos intercaladas las escenas del pasado y del futuro, con su juego de iluminación y la sensación de que Hannah sigue viva mientras se le escuche en las cintas. En ese aspecto, hay que reconocer que han hecho un trabajo excelente.
El punto negativo es algo más personal, pero no quiero dejarlo pasar por alto: la visión tan negativa que le da a las mujeres sobre los hombres. Por lo que nos quieren contar, Hannah no se suicida por lo que le han hecho, sino porque no tiene a nadie con quien hablar sobre ello. Y es completamente incierto. No le dice al psicólogo que le han violado, el psicólogo se lo supone por la poquísima información que tiene. El psicólogo le propone que delate a su agresor para que se le pueda denunciar, pero no le dice nada. El psicólogo le propone una solución a su problema, pero lo rechaza. Y todo pasa porque Hannah no habla abiertamente sobre el tema. Lo mismo pasa con Clay. Si ella le dice que se vaya, el chico se irá, sin más.
Básicamente, Hannah interioriza todas sus emociones. Siente que no puede hablar con nadie sobre lo que le pasa, pero el verdadero problema es que no es capaz de expresar sus sentimientos en voz alta, al menos antes de suicidarse.
Pero la serie toma el camino contrario, se limita a dar un discurso modernista de "los hombres no comprenden la sensibilidad femenina", hasta el límite de que el hombre en quien confía Hannah para entregarle las cintas es gay. Clay también sufre bullyng y también tiene problemas para expresar sus sentimientos, pero parece que no supone tanto drama, porque es un hombre.
Pero no dejan de ser opiniones personales. Muy buena crítica.
Hola.
EliminarYo la escena con el psicólogo la veo diferente. Hannah se atreve a contar la verdad, pero le hace las típicas preguntas de "¿dijiste que no? ¿cómo puedes demostrarlo? ¿estás segura?" etc. que ilustran ese grave problema en estos casos, donde denunciar no es nada sencillo y por desgracia la justicia da la espalda. No creo que se le ofreciese una solución, sino que se agravase su situación de indefensión.
Es cierto que Hannah parece una persona que le cuesta expresar sus emociones y pedir ayuda, aunque tampoco creo que se deba echar en cara ese aspecto si es un defecto suyo, es decir, hay gente más dramática y sensible que otra y no pasa nada. Pasa que cualquier relación que comenzaba con alguien se iba a pique, formando esa montaña de pesimismo e impotencia que tanto le condiciona. No hay que perder de vista que es la víctima de todo el caso, de ahí que no quiera juzgarle.
Clay es cierto que es una persona a la que parece importarle menos lo que digan los demás, de hecho en una escena Hannah dice tener envidia por esa faceta suya. Sin embargo, más allá de momentos puntuales, no creo que sufra un acoso de renombre, al igual que no llega al nivel de Hannah.
En cualquier caso, el debate es interesante.
Un saludo.